de Minerva Vitti Rodríguez

Llegar a la casa de mis bisabuelos en Grotte dell´Acqua fue como entrar en una dimensión desconocida, un viaje a través del tiempo en el que mi tío intervino el interior de la vivienda, pero no la energía de aquellos años, en que decenas de personas dormían apretujadas en el suelo de la casa porque no tenían a dónde ir luego de la guerra.

Tiempos de mucho trabajo y miseria. Tiempos de vida.

Cuando Mimí, el primo de mi papá nos fue a buscar a la estación del tren en Casino y nos trajo hasta aquí, sentí que entraba en un túnel en medio de la montaña. Era una noche del 18 de septiembre de 2017 en la que toda mi sangre se volvió más cálida. Sí, me sentí tibia y no pudo ser otra cosa que el llamado de la sangre.

Bajamos del carro y Melambo, un labrador grande y blanco, nos ladró. Entramos a la casa y la sensación era que todo se iba ampliando: se abre la puerta, entras a una sala inmensa, atraviesas un pasillo, subes las escaleras y todo sigue expandiéndose. Un laberinto.

Baúles que guardan cartas, artefactos antiguos y retratos de rostros conocidos y desconocidos para mí. Demasiado origen. Un pequeño rectángulo con profundidad en la pared, que hace las veces de altar, con algunas piezas de porcelana, una virgen, y una foto mía en un portarretrato. Me detuve delante de ella y pensé que quizás era el momento de conocer mi historia, contar mi origen, después de haber escrito tantas historias sobre los demás.

 Nonna Maria embarazada de mi padre Nando - 1960

En esta casa ubicada en las montañas de la comuna de Casalvieri, provincia de Frosinone, Italia, vivieron mis bisabuelos, mis abuelos, y más recientemente mi tío y su esposa. Sin embargo la única imagen que estaba fuera de una caja era la mía, hago presencia en medio del polvo y el recuerdo.

Por algo estoy aquí.

Aquella noche mi tía Benedetta, la hermana de mi abuelo Onorio, nos recibió en su casa, a pocos metros de la de mis ancestros, con una sonrisa y con comida. Cenamos con la televisión encendida, al parecer una costumbre en esta casa, tratando de entendernos entre nuestro español y su italiano/dialecto. Probando frutas de estas tierras, cultivadas por mi propia tía abuela de 77 años.

—Domani 12, mangiare— nos dijo tía Benedetta y entendimos que era el cierre de la velada.

En medio de una noche sin luciérnagas Mimí nos acompañó nuevamente a la casa de mis orígenes. Y a pesar de que iba con él y con Ignacio, me sentí sola en la tristeza de lejanas estrellas. Solo la entrada de la casa estaba iluminada. Mimí y Melambo, nos dieron las buonanotey me sumergí en un descenso breve, un temblor que me regresaba al presente. Era yo abalanzándome hacia mi origen guardado en una casa de piedra.

 La antigua casa de Grotte dell'Acqua

La historia de mi padre

“Que Mimí te lleve a la ‘capanna’ a unos 2 km de ahí. Esa casita la hizo papá antes de partir a Venezuela en el 56. Tiene adentro varias cosas, un arado hecho por él. Que te lleven donde nació la abuela y el abuelo. Que te enseñen fotos de los antepasados”, me escribía mi papá, Nando Vitti, emocionado desde Caracas, Venezuela.

Con mi padre Nando

El solo ha ido dos veces a Italia y recuerda todo como si hubiese sido ayer. La primera vez viajó con mi abuelo, Onorio Vitti, en 1978: “Según mi madre, el viaje fue un ‘premio’ por mi ingreso en la Universidad Simón Bolívar, luego de la prueba de admisión.  Yo tenía entonces 17 años de edad. Papá había llegado a Venezuela en 1956 y hasta entonces no había regresado a su tierra natal. Otro motivo más de alegría y satisfacción para nosotros. Y a pesar de no haber regresado hasta ese momento, con grandes esfuerzos logró que a comienzos de los 70´s viniera a Venezuela su madre, mi abuela Rosa Vitti. Mi abuela materna Domenica Pozzuoli también había venido por medios propios a mediados de los 60´s”, cuenta mi padre.

El abuelo Onorio Vitti con su esposa Maria y en brazos el pequeño Nando

Mi papá creció “oyendo los relatos de las personas mayores sobre los espantos, historias de aparecidos y, sobre todo, de las necesidades durante y después de la Segunda Guerra, de cómo los alemanes llegaban periódicamente a casa de nonna Rosa y le quitaban la mitad de lo que tuviese (animales, leche, huevos, etc.) hasta que finalmente no hubo nada que entregar. Cómo colaboraban entre todos los del pueblo en las siembras o cosechas de trigo, como lo haría una gran familia. Cómo una sola salchicha se usaba repetidamente para darle gusto a la polenta y luego se guardaba”.

La segunda vez que mi padre viajó a Italia fue por su trabajo. Lo mandaron a hacer un curso en Alemania y luego de terminarlo continuó el viaje a Italia. Para este momento yo ya había nacido.

Pienso en la historia de mi padre y en la mía y están impregnadas de casualidades. Precisamente las dos únicas veces que yo he viajado a Italia ha sido por trabajo, y precisamente esta vez fue por un viaje a Alemania.

Yo e Ignacio en Berlin

Es así como le debo este reencuentro con mis raíces, al trabajo que hice en el área de investigación y guión para la realización de un cortoanimado sobre una historia ancestral de los indígenas yekuana. Este audiovisual lo presentamos en Berlín, Alemania, en julio de 2017. Gracias a este proyecto pudimos viajar tres compañeros de la etnia yekuana (Joel, Enjayumi, y Kuyujani), Ignacio y yo.

Durante el festival de Berlin

Volver al origen

En Grotte dell' Acqua solo hay cinco casas. La casa de mi familia es de piedra y tiene un tanque subterráneo de agua, una “gruta de agua”, justo al pie de un árbol. Este agujero está tapado con una reja. Luego mi padre me contaría que en los tiempos de la guerra mi abuelo de ocho años escondía a mi abuela, cuatro años menor que él, en una de estas grutas.

Grotte dell´Acqua es silencio. A veces se escucha algún carro pasar. El resto es viento. En la tarde las montañas se colorean de rosado y cuando finalmente se oculta el sol vuelven a su verde misterioso. 

Mientras estuvimos aquí nuestros días transcurrieron aprendiendo de zia Benedetta, cómo trabajaba la tierra, cultivaba sus alimentos, y criaba sus animales.

Con mi tia Benedetta preparando vegetale en aceite

 

 Tia Benedetta e Ignacio durante la cocciòn de tomates

Y por las noches, antes de acostarnos, escuchábamos la radio para aprender un poco de italiano, le dábamos un pedazo de tortilla a Melambo para acercarnos más a él.

Recuerdo que mi primera noche en Casalvieri leí el poema “Mi padre el inmigrante”, de Vicente Gerbasi, un poeta venezolano, hijo de padre italiano que nació en una aldea viñatera de Italia, a orillas del Mar Tirremo, y murió en Canoabo, un pueblo venezolano escondido en el estado Carabobo. Precisamente el poema habla de esa migración.

Yo y Melampo

En este lugar también vivimos la solidaridad. Conocimos a Manuela, una venezolana-italiana encargada de un pequeño bar en el pueblo, que al día siguiente nos llevó a conocer Casalvieri y sus alrededores. Escucharla hablar de sus padres y cómo emprendieron en Venezuela me hizo darme cuenta que sabía muy poco de mi origen paterno.

Franco y Paolo también nos acompañaron durante nuestros días en este lugar enclavado en la montaña. De ellos conocimos un proyecto muy bonito que busca recuperar las historias de tantos descendientes de italianos e italianos regados por el mundo. Siempre les agradeceré porque precisamente me están ayudando a sistematizar esa curiosidad por mis ancestros de la que quedé prendada.

La semana que estuvimos en Grotte dell´Acqua estuvo llena de muchas emociones. Recuerdo que los primeros días me sentía mareada y con ganas de vomitar. Era como si mi cuerpo constantemente se estuviera adaptando a tanta información nueva. (Además mi estómago siempre estaba lleno por toda la comida que nos daba zia Benedetta o que nos invitaban nuestros amigos).

Regresé a Venezuela con ganas de aprender a hablar mi idioma paterno. Con muchas preguntas que poco a poco ha ido respondiendo mi padre. Entendí por qué mi inquietud por el viaje, y es que ahora estoy segura que Dios no solo me dio pies sino alas para volar.

 

Una vida marcada por el viaje

Mi vida ha estado marcada por la palabra viaje. Provengo de una familia de migrantes. Por el lado materno, la típica migración campesina en busca de una mejor vida en la ciudad. Por el lado paterno, mi abuelo llegó desde Italia en 1956, siguiendo los pasos de su padre que llegó a Venezuela en 1946 (o 1947), en una de las primeras migraciones de italianos al país.

Abuelo Honorio en Venezuela durante los trabajos para la construcción de la carretera en Turumo - 1957/1958

Mi trabajo de grado para obtener la licenciatura en Comunicación Social mención Periodismo impreso fue un retrato del colectivo circense en mi país, una crónica que me permitió viajar y compartir durante más de un año con distintas agrupaciones de circo de Venezuela. Nuevamente la itinerancia.

De este modo la universidad y mis trabajos me han permitido viajar y sobre todo escribir. Recién graduada trabajé durante cuatro años en el Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y El Caribe como responsable de comunicación. Este cargo me lanzó a conocer y escribir las historias de muchas familias de refugiados y desplazados tanto por el conflicto armado colombiano como por los desastres naturales. Así visité las principales poblaciones receptoras de refugiados en Venezuela (El Nula, Guasdualito y Ureña) y otros lugares como: Barrancabermeja, San Pablo, Soacha, Buenaventura, Bogotá, en Colombia; Lago Agrio y Quito, en Ecuador; Ciudad de Panamá, Colón, Jaqué y Puerto Piña, en Panamá; Santo Domingo, Santiago y Dajabon, en República Dominicana; y Puerto Príncipe, en Haití, a solo dos meses del terremoto del 12 de enero de 2010.

Ese mismo año, en octubre, comencé a documentar la realidad de los pueblos indígenas de Venezuela, tras una huelga de hambre que realizara el hermano jesuita José María Korta a favor de la demarcación de los territorios indígenas.  Primero escribí el informe anual de derechos humanos de pueblos indígenas para una ong durante cuatro años, y ahora escribo sobre las realidades que más impactan a estos aborígenes venezolanos.

Muchas de estas historias se pueden leer en www.revistasic.gumilla.org, una publicación del Centro Gumilla, que es el centro de investigación y acción social de los jesuitas en Venezuela, en la que hasta hace un mes fui jefe de redacción de la edición impresa que ya tiene 80 años.

Admito que la mayoría de mis viajes siempre han tenido un enfoque social. Me es inevitable ir a un destino, admirar su belleza, y no darme cuenta de alguna problemática que vivan las personas. Soy curiosa, perseverante y obsesiva con los temas.  Siempre he preferido escribir sobre esos héroes anónimos y visibilizar situaciones que van más allá de la agenda pública. Para eso hay que viajar y como dice un pasaje bíblico quitarnos las sandalias pues el terreno que pisamos, el terreno de la gente, es sagrado. Ir sin prejuicios y dejarnos sorprender, desengañar.

En septiembre de 2017 vine a Grotte dell´ Acqua, un lugar ubicado en la comuna de Casalvieri, provincia de Frosinone, en Italia. Hoy lo pienso mejor. Nosotros logramos que la gente se pudiera aproximar un poco a las raíces de nuestros hermanos yekuana a través del audiovisual que presentamos en Alemania; y yo logré llegar hasta mis raíces en una travesía que continué hasta Italia. Hoy trato de que la rutina no me distraiga de esa experiencia que viví, porque el viaje al origen no solo se trata de un espacio físico sino de un adentrarse en las raíces que te constituyen.

Minerva Vitti

Comunicadora social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Programa de Estudios Avanzados en Periodismo de Investigación del Instituto Prensa y Sociedad y la Universidad Católica Andrés Bello. Ha realizado talleres en crónica periodística. Ha trabajado documentando la realidad que afrontan los migrantes, refugiados y desplazados en Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, República Dominicana, Haití y Canadá. Desde el 2010 se ha dedicado a la investigación de las distintas problemáticas que afectan a los pueblos indígenas de Venezuela y a la promoción de sus derechos. Ha sido facilitadora de talleres de teatro para niños en el páramo andino con la Fundación Medatia. Actualmente es actriz en el grupo de teatro profesional Ago Teatro. Forma parte de la cooperativa audiovisual Estudio Creativo Creaser en la dirección de investigación. 

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